#JoséMartí, el servidor más afectuoso de #Uruguay

Por: Juan Carlos Díaz | PL

Los vínculos históricos entre Cuba y Uruguay se remontan al siglo XIX y mucho contribuyó a ello el Héroe Nacional, José Martí, cuya impronta pervive como símbolo inalterable de esa relación más de un siglo después.

El intelectual y político cubano nunca visitó al país sudamericano, pero su pensamiento y su figura perduran en un busto en la Plaza Cuba, donde todos los 28 de enero la Misión cubana en Montevideo, organizaciones y movimientos de solidaridad uruguayos le rinden homenaje.

También está presente en el nombre de una calle del céntrico barrio capitalino Pocitos, donde en diciembre de 1916 la municipalidad ubicó una placa en homenaje al Apóstol latinoamericano, y que por diferentes circunstancias con el tiempo desapareció.

La reposición de la placa original llegó en febrero de 2011 cuando la Intendenta de Montevideo del Frente Amplio, Ana Olivera, y la embajadora cubana de entonces, Carmen Zilia Pérez, develaron una nueva lámina en bronce con el texto original.

Pero la huella dejada por Martí en Uruguay trasciende lo alegórico para convertirse en realidad palpable; en noviembre de 2007 comienza a funcionar con la colaboración de especialistas cubanos el Hospital de Ojos José Martí, calificado como el mejor símbolo de equidad en salud y justicia social.

El nombre del nosocomio surgió de los mismos usuarios y posteriormente a propuesta de un diputado se llevó al Parlamento y este lo aprobó para la historia.

Surgido en el marco de la Operación Milagro -proyecto humanista ideado por los desaparecidos presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez- el centro hospitalario permitió la atención ocular de los sectores más humildes del país, quienes agradecen hoy la solidaridad infinita de la Revolución cubana.

En los nueve años transcurridos (cumplirá el décimo aniversario en noviembre venidero) el Hospital de Ojos de Uruguay acumula hasta el presente más de 60 mil intervenciones quirúrgicas realizadas de cataratas y otras dolencias oculares.

Un hecho que marcó para siempre el destino entre La Habana y Montevideo fue el nombramiento de José Martí como Cónsul de Uruguay en Nueva York, Estados Unidos, entre 1884 y 1892, etapa en que fungió con igual cargo para los gobiernos de Argentina y Paraguay.

AMISTAD ENTRAÑABLE CON ENRIQUE ESTRÁZULAS

De ese período de ocho años, el Apóstol cubano ejerció tres como Cónsul Interino, en sustitución de su amigo uruguayo Enrique Estrázulas, quien en 1887 parte a París, Francia, y propone que este quede de manera oficial al frente del consulado.

El diplomático uruguayo y el héroe independentista latinoamericano mantuvieron una entrañable amistad, reflejada en las 12 cartas escritas por Martí al también médico y cirujano pediatra, en las cuales se evidencia el sentimiento mutuo de afecto y simpatía.

En una de ellas, del 15 de febrero de 1889, el prócer cubano le escribe a su amigo: ‘De mí, no le diría más que quejumbres, sobre todo ahora que estoy fuera de mí, porque lo que desde años vengo temiendo y anunciando se viene encima, que es la política conquistadora de los Estados Unidos…’.

Más adelante, Martí le dice a Estrázulas que esta fue anunciada de manera oficial por el secretario de Estado (James Gillespie) Blaine y el presidente (Benjamín) Harrison, quienes expresaron ‘…su deseo de tratar de mano alta a todos nuestros países, como dependencia naturales de este y de comprar a Cuba’.

El historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez declaró que el Héroe Nacional ‘no se limitó (en ese tiempo) al inevitable costado oficinesco que exige la atención de un consulado’, sino que elaboró enjundiosos informes económicos solicitados por el gobierno uruguayo.

La confianza hacia el patriota caribeño se demuestra al ser nombrado en agosto de 1891 comisionado para representar a Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional, con sede en Washington, donde se destaca al impedir las maniobras de EE.UU. en su pretendido control económico y político de América Latina.

En carta enviada al canciller uruguayo, Manuel Herrero y Espinosa, Martí destaca: ‘el honor que se me ha dispensado me liga de una manera aún más íntima, y de mayor obligación, con un país cuya larga y continua defensa en suelo extranjero me permite sin presunción, ni lisonja, llamar mío’.

Al rendir cuenta a Herrero y Espinosa del trabajo en esa reunión, el Apóstol le dice en misiva del 20 de agosto de 1891: ‘Cupo a la República del Uruguay el honor de formar parte de la comisión encargada de informar sobre las posiciones de los Estados Unidos…’.

A finales de ese mismo año el revolucionario presenta su renuncia formal ante las autoridades uruguayas, motivado por dar continuidad a la lucha de los cubanos frente al colonialismo español y alcanzar la independencia de la isla.

En marzo de 1892 se formaliza su renuncia y escribe: ‘…solo me cumple anhelar que el supremo gobierno, y el señor Cónsul General, no hayan tenido inútiles estos años de labor americana, y asegurarle de que el que cesa de ser Cónsul, por imperio del deber, jamás cesará de ser, con gratitud y ternura, el servidor más afectuoso de su país’.

La presencia martiana en la nación sudamericana se extendió también a la prensa periódica, donde según el libro José Martí. Cónsul de la República Oriental del Uruguay, el político e intelectual cubano publicó 14 textos en los periódicos La Nación y La Opinión Pública.

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