Fidel, paradigma y leyenda por siempre

Siempre con Cuba

Con certeza puedo afirmar que mi vida está dividida en dos partes fundamentales: antes y después de conocer a Fidel Castro. Eso ocurrió primero por referencias y más tarde personalmente, acrecentándose en la medida en que yo podía constatar las cualidades personales, extraordinaria inteligencia, firme voluntad para enfrentar con sabiduría las situaciones más complejas y la gran nobleza y solidaridad de Fidel con sus compañeros de lucha e ideales, que no era más que otra forma de expresión de su infinito amor a su pueblo.

Recuerdo que los sucesos del 10 de marzo de 1952 marcaron un momento decisivo en ese rumbo que condujo a ambos a encontrarnos en una estrecha comunidad de ideas y fue ensanchándose poco a poco en la medida que me percataba —junto a otros valiosos compañeros en medio de la insurrección— de haber encontrado, finalmente, el liderazgo ético que por tanto tiempo habíamos buscado afanosamente…

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